Si la Selva Negra es el pulmón de Alemania, el Principado asturiano lo es de España. Esta comunidad ha sabido preservar gran parte de su masa forestal originaria y es sin duda uno de los destinos predilectos para el turismo de naturaleza. Parece lógico, por tanto, que los entusiastas de las casas rodantes escojan Oviedo, Gijón o Avilés para sus escapadas de verano, un interés que se observa en las cifras de venta caravanas asturias.

Adria, Knaus, Benimar y otros referentes del sector son las marcas preferidas para recorrer el territorio asturiano gracias a su sostenibilidad. Desplazarse en caravana implica reducir entre un treinta por ciento y diez veces más emisiones de dióxido de carbono, dependiendo de la fuente consultada. 

Si bien este tipo de vehículo recreativo necesita ser remolcado, el ahorro en hoteles y otros servicios hace que sea una opción económica y eficiente. La gestión de recursos es otra de las claves, pues los viajeros itinerantes dependen de estaciones de servicios y puntos de vaciado de agua, lo que promueve un estilo de vida más ecológico.

Al margen de la sostenibilidad, el caravaning garantiza una mayor conexión con la naturaleza. Mientras otros viajeros se ven forzados a transitar las carreteras e intinerarios «de siempre» por su dependencia del alojamiento, los supermercados, etcétera, los usuarios de caravana pueden despertar en lugares recónditos y moverse libremente por espacios protegidos como el Parque Natural de Somiedo o los Picos de Europa.

Como resultado, el estrés y la ansiedad que afectan ocasionalmente a otros viajeros, están ausentes al explorar el Principado en caravana. Es sin duda una de las mejores formas de experimentar el turismo slow, esto es, la exploración lenta y pausada de los destinos, sin las prisas que surgen al volar en aerolíneas o quedar atrapado en atascos urbanos.