En Pontevedra, el pasado medieval sigue muy presente. Incluso puede tocarse y recorrerse libremente en fortalezas como la de Sobroso en Mondariz, la Torre de Fornelos junto al Rio Miño o el Castillo de Monterreal que se descubre Baiona. Estas y otras fortificaciones fueron testigo de batallas y episodios históricos que todavía resuenan en la cultura popular y que sirven de base para fiestas como la Romería Vikinga, en Catoira.
En particular, la fortaleza de Monterreal o del Monte Boi se alza a escasos pasos de la playa bayonesa de Cuncheira. Sus murallas kilométricas datan del siglo doce, aunque muchas de sus construcciones (la Puerta del Sol, la Torre del Príncipe, etcétera) son de época posterior. Antes de abandonar Baiona, es recomendable visitar su Casco Antiguo o el Museo de la Carabela Pinta.
En Salvaterra do Miño, el castillo de nombre homónimo se erigió en el siglo diez y, como delata su situación estratégica junto a la frontera portuguesa, desempeñó un rol defensivo contra los ataques lusitanos. En su interior pueden visitarse la Puerta de la Oliveira, la capilla de la Virgen de Oliveira y otros puntos de interés turístico.
En la localidad de Crecente, la Torre de Fornelos brinda otra muestra del Medievo pontevedrés y actúa como un recordatorio de la célebre Revuelta Irmandiña. Sus restos, representados casi exclusivamente por la Torre del Homenaje, permiten entrever la grandeza que lució en otros tiempos.
En contraposición, el Castelo de Mondariz o Sobroso se conserva en un estado admirable. Este bastión defensivo corona el monte Landín y regala, a más de trescientos metros de altura, una de las panorámicas más impresionantes de la región. Un complemento de la visita a Mondariz es recorrer las treinta hectáreas de bosques que circundan esta fortaleza o explorar el cercano Monte de la Picaraña, parada obligada para cualquier senderista.