Aunque no todo vale, la repostería explora a veces combinaciones bastante inusuales: caprichos de membrillo con queso, bombones de sal y limon online, palomitas de maíz con caramelo, etcétera. Este contrapunto de sabores puede ser una grata experiencia, pero no todos los gourmets logran superar los prejuicios culinarios que sufre cualquier cocina, incluida la española.
La elaboración de bombones es un campo fértil para la imaginación, no siendo difícil encontrar propuestas tan alocadas como el chocolate con foie gras, torreznos o guisantes. Más lógica es la fusión de la sal y el limón en este dulce de origen francés, desarrollado por el pastelero de Luis XIV. Dado su exotismo, suele ofrecerse en cajas de bombones artesanales.
Desarrollado en la Bretaña francesa, el caramelo de mantequilla salada se emplea como topping y cobertura en tartas, cupcakes y otras creaciones reposteras. Su amargor, ligero dulzor y gusto salado hacen que el contraste de sabores esté garantizado.
Otra rareza donde el chocolate es protagonista es la tableta de cacao con escamas de sal marina. Esta extraña «pareja» cautiva por la contraposición de sabores. El consumidor de a pie lo percibe como un producto selecto, y por ello las confiterías y cadenas de supermercados lo comercializan en sus líneas premium.
Las delicias de membrillo con queso son otra combinación que no debe tacharse de exhibicionismo gastronómico, máxime cuando el postre vigilante de Argentina y el Martín Fierro de Uruguay se basan en esta fusión. Se trata de un bocado clásico que se ofrece en porciones cuadradas o rectangulares y que puede incluir pan o miel.
Las palomitas caramelizadas son un snack habitual en los cines españoles, pero su aparición en el Chicago de fines del siglo diecinueve representó una novedad en toda regla. Su composición no tiene misterios: son granos de maíz inflado con una cobertura de caramelo, de forma que lo dulce y lo salado choquen en el paladar.