Cada mañana, mi furgoneta se convierte en una extensión de mi taller, un pequeño caos ordenado de cables, alicates y sueños por conectar. Me llamo Adrián y soy electricista Narón. Para muchos, mi trabajo es un laberinto de colores y voltajes, pero para mí es el pulso que da vida a este rincón de Galicia, un lugar donde el naval y lo urbano se dan la mano con una familiaridad pasmosa.
Mis jornadas rara vez son iguales. Hay días en los que el polígono de Río do Pozo me absorbe por completo. Naves inmensas, con su zumbido constante de maquinaria, donde un fallo en un cuadro eléctrico puede detener toda una línea de producción. La tensión es palpable, pero también la satisfacción de devolver la energía, de ser una pieza clave en ese engranaje industrial que mueve la comarca. Otras veces, el trabajo me lleva al polígono de A Gándara, un hervidero de actividad comercial donde mis manos dan luz a nuevos negocios o aseguran que los ya establecidos sigan brillando.
Pero no todo es industria. Me encanta cuando una llamada me saca de los grandes parques empresariales y me adentra en el corazón de Narón, en sus barrios residenciales. Es un trabajo más cercano, más personal. En esas casas, entre reformas y averías, no solo reparo interruptores, sino que también comparto un café con una abuela que me cuenta historias de la ría o aconsejo a una joven pareja sobre la iluminación de su primer hogar. Es en esos momentos donde mi oficio se vuelve más humano, donde dejo de ser solo «el electricista» para ser Adrián.
Vivir y trabajar aquí tiene su propio ritmo. La cercanía de Ferrol, con su imponente presencia naval, marca el carácter de la zona. Sin embargo, Narón ha sabido crecer con una identidad propia, convirtiéndose en una ciudad joven y dinámica. Disfruto de esa dualidad: la intensidad de la jornada laboral y la calma de un paseo por el paseo marítimo de Xuvia al atardecer, con la brisa salada recordándome siempre dónde estoy. Ser electricista en Narón es, en definitiva, ser el conector entre la fuerza industrial de la comarca y la calidez de sus hogares. Es un trabajo que me enraíza a esta tierra, a su gente y a su constante fluir de energía.